sábado, 13 de febrero de 2010

ORACIÓN *** UNA VEZ VIVÍ *** MACARENA


ORACIÓN POR LA PATRIA


Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos.
Nos sentimos heridos y agobiados.
Precisamos tu alivio y fortaleza.
Queremos ser nación,
una nación cuya identidad sea la pasión por la verdad
y el compromiso por el bien común.
Danos la valentía de la libertad
de los hijos de Dios
para amar a todos sin excluir a nadie,
previlegiando a los pobres
y perdonando a los que nos ofenden,
aborreciendo el odio y construyendo la paz.
Concédenos la sabiduría del diálogo
y la alegría de la esperanza que no defrauda.
Tú nos convocas. Aquí estamos, Señor,
carcanos a María, que desde Luján nos dice:
¡Argentina! ¡Canta y camina!
Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos.
Amén

Conferencia Episcopal Argentina

Maricarmen

MACARENA

AMOR *** UNA VEZ VIVÍ *** MACARENA

Canto al amor



"Aunque hable las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, no soy más que una campana que toca o unos platillos que resuenan. Aunque tenga el don de profecía y conozca todos los misterios y toda la ciencia, y aunque tenga tanta fe que traslade las montañas, si no tengo amor, no soy nada. Aunque reparta todos mis bienes entre los pobres y entregue mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, de nada me sirve.


El amor es paciente, es servicial; el amor no tiene envidia, no es presumido ni orgulloso; no es grosero ni egoísta, no se irrita, no toma en cuenta el mal; el amor no se alegra de la injusticia; se alegra de la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo tolera. (...) Tres cosas hay que permanecen: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más grande de las tres es el amor".


"Canto al amor", de la Primera carta a los Corintios de San Pablo.


Maricarmen


MACARENA

sábado, 30 de enero de 2010

DE NIÑA A DONCELLA *** EMMA MARGARITA *** MACARENA



DE NIÑA A DONCELLA


Por:
Emma Margarita R.A.Valdés


En el templo sagrado
crece blanca azucena

en vuelo virginal
vas de niña a doncella;
inocente corola,
confiada y recoleta,
trèmula de cantares,
de salmodias profèticas,
de exaltaciòn,de celo,
de inmaculada entrega,


Saboreas versículos
de luces y tinieblas,
manan las oraciones
por tus labios de arena,
acaricias destellos
ocultos en la esfera,
en tu frente infantil
fulgaran las estrellas,
y tus manos piadosas
derraman primaveras.


Soledad, soliloquios,
circulan por tus venas,
està tu corazòn
sumido en suave espera.
Una lluvia de paz
al desierto se acerca,
el Mesìas glorioso
redimirà la pena,
nacerà un Salvador,
segùn dijo el Profeta.


Eres tù la elegida,
prodigiosa colmena,
sosegado jardìn,
arrobada palmera;
el nuevo paraìso
abrirà en ti su puerta.
Y en el templo sagrado
creces blanca azucena,
con vuelo virginal
vas de niña a doncella.

De su libro: ANTES QUE LA LUZ
                    DE LA ALBORADA,
                    TÚ, MARÍA



Gracias Emma, (mi amiga),  por la maravilla de cada una de tus palabras, de tu mano vamos hacia ELLA.
Agradezco a Luciana, (mi nieta), por haber subido ésta entrada en Macarena.
Con amor, Maricarmen Menéndez García


MACARENA

domingo, 17 de enero de 2010

EL REZO *** UNA VEZ VIVÍ *** MACARENA



EL REZO



En sus manos un Rosario,
que acongojado desgrana
en oración y esperanza,
bien sabe...que es el camino
para hallar la paz del alma.
En ti Señor, busca consuelo,
y en ti Madre, perseverancia,
y como niño perdido
ruega el maternal cobijo.
Es un hombre, parece un niño
herido, por espinas del camino,
y es el rezo la divina gracia
que hace vibrar a su alma
en las perlas se desliza
un derrotero de lágrimas.
Más sabe que nueva aurora
es su Fe, sosiego que le agiganta.
Rencuentro del niño - hombre,
con el maravilloso Amor
que es entrega...sin pedir nada...





Maricarmen Menéndez García


Pintor: Fabian Perez

























MACARENA

domingo, 10 de enero de 2010

QUIERO HACER CON MI VIDA UNA ORACIÓN *** EMMA MARGARITA R.A.-VALDÉS *** UNA VEZ VIVÍ***



QUIERO HACER CON MI VIDA
UNA ORACIÓN

(Mt 27,38; Mc 15,27; Lc 23,29-44; Jn 19,26-28)
Por: Emma-Margarita R. A.-Valdés

Quiero hacer con mi vida una oración,
agradecer tus gracias y tus dones,
pedirte, mi Señor, que me perdones,
y poner a tus pies mi corazón.

Yo quiero compartir tu redención,
basar en tu verdad mis ilusiones,
servirte diligente en tus misiones
y, al final, merecer tu bendición.

Eres mi amor, mi amigo, mi cobijo.
Como al ladrón, que tu bondad bendijo,
condúceme hasta el Reino de tu Padre.

Oye el ruego que humilde te dirijo,
dile a María: Ahí tienes a tu hijo.
Y dime: hijo, ahí tienes a tu Madre.

Emma-Margarita R. A.-Valdés
(Del libro "Versos de amor y gloria".
Biblioteca de Autores Cristianos, BAC)

Todos los caminos me lleva a ti...a un Universo de paz y me cobijo al amparo de tú amistad, gracias amiga.
Maricarmen.




sábado, 26 de diciembre de 2009

ES NAVIDAD...Y DESPUÉS. *** UNA VEZ VIVÍ *** MACARENA ***


MACARENA

Autor: P. Antonio Rivero, L.C.


En general, la Navidad toma la encarnación del Verbo de Dios en la parte más descomprometida e infantil. Es un niño quien ha nacido. Y un niño no dice cosas serias. Este Niño Dios no ha dicho todavía “Sed perfectos”, ni “sepulcros blanqueados”, ni “vende tus bienes y sígueme” ni “Yo soy la Verdad y la Luz”. Todavía está callado este niño. Y nos aprovechamos de su silencio para comprarle el Amor barato, a precio de villancicos y panderetas.

En el día de la Encarnación todos vuelven la vista hacia Belén, como en día de sol radiante se refugian todos a la sombra del alero. Los más complicados Góngoras hacen versillos de claveles y auroras, con melodía pastoril. Los más escolásticos y abstractos Calderones, escriben para la fiesta diálogos de Mengas y Pascuales. San Juan de la Cruz, que ha volcado hasta los umbrales del divino desposorio, en una Nochebuena sale de su celda como un loquillo de atar, meciendo al Niño en sus brazos, bailando y cantando una cancioncilla de amores aldeanos:

“Si amores me han de matar ¡agora tienen lugar!"

En esa Nochebuena no intuimos el tremendo compromiso que adquirimos los humanos. Como es un Niño el que nos ha nacido, no percibimos la Ley y el Compromiso serio, que nos trae debajo de su débil brazo. En torno a un niño todo parece ser cosa de juego y de algarabía. ¿También con el Niño Dios?

No; no puede ser la Navidad subterfugio y evasiva de la Encarnación. No es la fiesta de un derretimiento pueril y pasajero. Es la fiesta de un exigente amor varonil y total.

Vienen ya de camino Magos de Oriente que le van a quitar al portal todo el aspecto de fiesta de familia. Los magos no son ya pastores con cantarcillos, con requesón, manteca y vino. Son sabios y poderosos y científicos y extranjeros que vienen aleccionados por la astronomía. No vienen a pactar una noche de tregua de trinchera a trinchera: vienen a exigir las últimas consecuencias de la Paz prometida a todos los hombres. Vienen a hacer de Belén, la aldea de la Encarnación, la primera ciudad plenamente internacional del planeta. Vienen a ver si realmente ha nacido un rey que traiga la verdadera paz, la justicia auténtica y el amor sin componendas.

¿Hemos entendido esto del todo?… ¿A qué nos compromete la Encarnación del Hijo de Dios? ¿Qué nos quiere decir a nosotros hoy la Encarnación?

A Belén se acercarán este año:


El Papa, llevándole a Jesús todas las luces y sombras, las alegrías y las tristezas de la Iglesia.

Los obispos y sacerdotes de todo el mundo, llevando a sus espaldas sus diócesis y parroquias, sus movimientos y grupos, para regalárselos a Jesús.

Religiosos y religiosas, con sus corazones consagrados y sus ansias de seguirle en pobreza, castidad y obediencia.

Misioneros y misioneras, dispuestas a aprender las lecciones de esa cátedra de Belén.

Laicos, admirados o indiferentes, despiertos y somnolientos, santos y pecadores, sanos y enfermos, jóvenes y adultos, niños y ancianos.

¿Entenderemos todos lo que allí, en Belén, se juega? ¿Nació en cada uno de nosotros, ese Niño Dios?

Navidad no son las luces de colores, ni las guirnaldas que adornan las puertas y ventanas de las casas, ni las avenidas engalanadas, ni los árboles decorados con cintas y bolas brillantes, ni la pólvora que ilumina y truena.

Navidad no son los almacenes en oferta. Navidad no son los regalos que demos y recibimos, ni las tarjetas que enviamos a los amigos, ni las fiestas que celebramos. Navidad no son Papá Noel, ni santa Claus, ni los Reyes Magos que traen regalos. Navidad no son las comidas especiales. Navidad no es ni siquiera el pesebre que construimos, ni la novena que rezamos, ni los villancicos que cantamos alegres.

Navidad es Dios que se hace hombre como nosotros porque nos ama y nos pide un rincón de nuestro corazón para nacer. Por eso, ser hombre es tremendamente importante, pues Dios quiso hacerse hombre. Y hay que llevar nuestra dignidad humana como la llevó el Hijo de Dios Encarnado. Por eso, Navidad es tremendamente exigente porque Dios pide a gritos un hueco limpio en nuestra alma para nacer un año más. ¿Se lo daremos?

Navidad es una joven virgen que da a luz al Hijo de Dios. Por eso, dar a luz es tremendamente importante a la luz de la Encarnación, porque Dios quiso que una mujer del género humano le diese a luz en una gruta de Belén. Tener un hijo es tremendamente comprometedor, pues Jesús fue dado a luz por María. No es lo mismo tener o tener un hijo; no es lo mismo querer tenerlo o no tenerlo. Navidad invita al don de la vida, no a impedir la vida.

Navidad es un niño pequeño recostado en un pesebre. Por eso es tan tremendamente importante ser niño, y niño inocente, al que debemos educar, cuidar, tener cariño, darle buen ejemplo, alimentarle en el cuerpo y en el alma como hizo María. Y no explotar al niño, y no escandalizar a los niños, y no abofetear a los niños, y no insultar a los niños.

Navidad son ángeles que cantan y traen la paz de los cielos a la tierra. Por eso, es tremendamente importante hacer caso a los ángeles, no jugar con ellos a supersticiones y malabarismos mágicos, sino encomendarles nuestra vida para que nos ayuden en el camino hacia el cielo y hacerles caso a sus inspiraciones. Por eso es tremendamente importante ser constructores de paz y no fautores de guerras.

Navidad son pastores que se acercan desde su humildad, limpieza y sencillez. Por eso, es tremendamente importante que no hagamos discriminaciones a nadie, y que si tenemos que dar preferencia a alguien que sean a los pobres, humildes, ignorantes. Quien se toma en serio la Encarnación del Hijo de Dios tiene que dar cabida en su corazón a los más desvalidos de la sociedad, pues de ellos es el Reino de los cielos.

Navidad es esa estrella en mi camino que luce y me invita a seguirla, aunque tenga que caminar por desiertos polvorientos, por caminos de dudas cuando desaparece esa estrella. La Encarnación me compromete tremendamente a hacer caso a todos esos signos que Dios me envía para que me encamine hacia Belén, siguiendo el claroscuro de la fe.

Navidad es anticipo de la Eucaristía, porque allí, en Belén, hay sacrificio y ¡cuán costoso!, y banquete de luz y virtudes, y ¡cuán surtidas las virtudes de Jesús que nos sirve desde el pesebre: humildad, obediencia, pureza, silencio, pobreza; y las de María: pureza, fe, generosidad y las de José: fe, confianza y silencio!, y Belén es, finalmente, presencia que consuela, que anima y que sonríe. Belén es Eucaristía anticipada y en germen. Belén es tierra del pan y ese pan tierno de Jesús necesitaba cocerse durante esos años de vida oculta y pública, hasta llegar al horno del Cenáculo y Calvario. Y hasta nosotros llega ese pan de Belén en cada misa. Y lo estamos celebrando en este año dedicado a la Eucaristía.

Navidad es ternura, bondad, sencillez, humildad. Por eso, meterse en Belén es tremendamente comprometedor, pues Dios Encarnado sólo bendice y sonríe al humilde y sencillo de corazón.

Navidad es una luz en medio de la oscuridad. Por eso, la Encarnación es misterio tremendo que nos ciega por tanta luz y disipa todas nuestras zonas oscuras. Meterse en el portal de Belén es comprometerse a dejarse iluminar por esa luz tremenda y purificadora.

Navidad es esperanza para los que no tienen esperanza. Por eso, la Encarnación es misterio tremendo que nos lanza a la esperanza en ese Dios Encarnado que nos viene a dar el sentido último de nuestra vida humana.

Navidad es entrega, don, generosidad. Dios Padre nos da a su Hijo. María nos ofrece a su Hijo. Por eso, quien medita en la Encarnación no puede tener actitudes tacañas.

Navidad es alegría para los tristes, es fe para los que tienen miedo de creer, es solidaridad con los pobres y débiles, es reconciliación, es misericordia y perdón, es amor para todos. ¿Entendemos el tremendo compromiso, si entramos en Belén?

Ya desde el pesebre pende la cruz. Es más, el pesebre de Belén y la cruz del Calvario están íntimamente relacionados, profundamente unidos entre sí. El pesebre anuncia la cruz y la cruz es resultado y producto, fruto y consecuencia del pesebre. Jesús nace en el pesebre de Belén para morir en la cruz del Calvario. El niño débil e indefenso del pesebre de Belén, es el hombre débil e indefenso que muere clavado en la cruz.

El niño que nace en el pesebre de Belén, en medio de la más absoluta pobreza, en el silencio y la soledad del campo, en la humildad de un sitio destinado para los animales, es el hombre que muere crucificado como un blasfemo, como un criminal, en la cruz destinada para los esclavos, acompañado por dos malhechores.

En su nacimiento, Jesús acepta de una vez y para siempre la voluntad de Dios, y en el Calvario consuma y realiza plenamente ese proyecto del Padre.

¡Qué unidos están Belén y Calvario!

El pesebre es humildad; la cruz es humillación. El pesebre es pobreza; la cruz es desprendimiento de todo, vaciamiento de sí mismo. El pesebre es aceptación de la voluntad del Padre; la cruz es abandono en las manos del Padre. El pesebre es silencio y soledad; la cruz es silencio de Dios, soledad interior, abandono de los amigos. El pesebre es fragilidad, pequeñez, desamparo; la cruz es sacrificio, don de sí mismo, entrega, dolor y sufrimiento.

Ahora sí hemos vislumbrado un poco más el misterio de Belén, el misterio de la Navidad, el misterio de este Dios Encarnado.

¿Castañuelas, panderetas y zambombos? ¡Bien! Pero no olvidemos el compromiso serio de este Dios Encarnado pues en cuanto comience a hablar nos va a pedir: “Niégate a ti mismo, toma tu cruz y sígueme”. Entonces nos darán ganas de tirar a una esquina la pandereta, las castañuelas y comenzar a escuchar a ese Dios Encarnado que por amor a nosotros toma la iniciativa de venir a este mundo, para enseñarnos el camino del bien, del amor, de la paz y de la verdadera justicia.

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Modestamente añado: que en Navidad, al asistir en Noche Buena a un nuevo cumpleaños del Amado Niño, es natural acudir con alegría y emoción, no está mal la mesa servida con mimo, las panderetas, la música, los villancicos, la familia reunida compartiendo la feliz llegada. Hasta alguna lágrima que escapa queriendo abrazar a quienes no tenemos a nuestro lado. Más sin olvidar el verdadero significado, ha nacido un Niño, es nuestro Salvador, su Madre con infinita humildad, día a día nos acerca a EL, intercede ante El en todas nuestras plegarias. Dulce Madre María.

Hoy es el día después, ruego que constantemente vibre nuestro corazón con el mismo Espíritu Navideño, con la misma Fe, la misma entrega, sabiéndonos seguros pues descansamos en su AMOR infinito.

Bendiciones en paz y bien. Todo en Jesús por María.

Maricarmen
26/12/09


MACARENA

viernes, 18 de diciembre de 2009

INVOQUE A MARÍA, LA ESTRELLA DEL MAR *** MACARENA ***




¡Invoque a María, la estrella del mar!


"Y el nombre de la Virgen era María" (Luc. 1,27). Hablemos un poco de este nombre que significa, según dicen, Estrella del mar y que conviene maravillosamente a la Virgen Madre... Ella es verdaderamente espléndida estrella que se debía levantar sobre la inmensidad del mar, toda brillante por sus méritos, radiante por sus ejemplos.
¡Oh tú, quien quiera que seas, que te sientes lejos de la tierra firme, arrastrando por las olas de este mundo, en medio de las borrascas y tempestades, si no quieres zozobrar, no retires los ojos de la luz de esta estrella!
Si el viento de las tentaciones se levanta, si el escollo de las tribulaciones se interpone en tu camino mira a la estrella, invoca a María.
Si eres sacudido por las olas del orgullo, de la ambición, de la maledicencia, de la envidia, mira a la estrella, invoca a María.
Si la cólera, la avaricia, los deseos impuros sacuden la frágil embarcación de tu alma, levanta los ojos hacia María.
Si, turbado por el recuerdo de la enormidad de tus crímines, confuso a la vista de las torpezas de tu conciencia, aterrorizado por el miedo del Juicio, comienzas a dejarte arrastrar por el torbellino de la tristeza, a despeñarte en el abismo de la desesperación piensa en María.
En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en María, invoca a María.
Que su nombre nunca se aparte de tus labios, jamás abandone tu corazón y para alcanzar el socorro de su interseción, no negligencíes los ejemplos de la vida.
Siguiéndola, no te desviarás; rezando a Ella, no desesperarás; pensando en Ella evitarás el error.
Si Ella te sostiene no caerás; si Ella te protege, nada tendrás que temer; si Ella te conduce, no te cansarás, si Ella te es favorable, alcanzarás el fin.
Y así verificarás por tu propia experiencia, con cuanta razón fue dicho: "Y el nombre de la Virgen era María".

Parroquia María Inmaculada. Florida

Párroco: Santiago Iturbide-

Maricarmen
MACARENA

Reflejos A través de los años, en esa constante de visualizar espejos que van tallando en ellos vivencias, vida. Al pasar el ti...